Y aquí, tras diez años y dos meses de actividad ininterrumpida, termina la andadura de Fo Fo Fo... (Moses take us to the promised land). Solo agradecer de todo corazón vuestro interés en mi humilde trabajo, vuestra compañía y añadir que me siento feliz por la experiencia y por todas las amistades fraguadas gracias a esta actividad bloguera. Sed felices, disfrutad del baloncesto y, si todavía no os habéis cansado de mi, emplazaros, después del verano, a otro sitio que espero que también sea de vuestro interés, Fo Fo Fo 2.0:


http://fofofo2.blogspot.com/


Será distinto, sin las secciones habituales de este blog, con artículos más elaborados pero mucho más espaciados en el tiempo; todo más pausado, pero, en definitiva, con el mismo espíritu, con la misma alma.


Y recordad siempre que la vida puede ser maravillosa.


martes, 17 de julio de 2018

Melodía de seducción


Era una noche calurosa, ambos estábamos en medio de la oscuridad, una oscuridad apenas rota por aquella luz que llegaba tenuamente hasta donde estábamos.


Todo era silencio, un silencio tan absoluto que incluso permitió que se escuchara el sonido de mis manos posándose suavemente sobre tu piel. Algo que, sin duda, llevaba tiempo deseando.


Tras unos dulces prolegómenos, llegó el momento, el momento en que ambos nos hicimos uno con la noche. Lo siguiente solo podría ser descrito como magia... una magia surgida de la más ferviente pasión.


Mis manos seguían acariciando tu piel, pero ya no de forma suave. La pasión se había desatado y mis dedos te agarraban con fuerza, dibujando, poco a poco, tus perfectas curvas.


Mientras las gotas de sudor bajaban lentamente por mi frente, me embriagó profundamente el olor de tu piel color canela... tanto que instintivamente te solté, aunque solo fuera por un momento, para contemplarte, para detenerme y decirme a mi mismo: Sí, todo esto es real.


Los músculos de mis brazos se tensaron mientras volvías a acercarte a mi pecho. Te agarré de nuevo con fuerza, pero a la vez con delicadeza... mientras, una gota de sudor descendió grácilmente por mi cara, hasta caer sobre tu piel, tan suave y áspera a la vez.








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