Este pasado fin de semana falleció Manute Bol; una auténtica leyenda de la NBA. El jugador sudanés falleció mientras permanecía ingresado en un hospital de Virginia. Su salud ya llevaba un tiempo muy resentida, debido a serios problemas de artritis, a importantes problemas renales y especialmente al síndrome de Stevens-Johnson, una enfermedad degenerativa de la piel.
Manute no podía costearse todos los tratamientos que en teoría debería de haber recibido, ya que llevaba muchos años completamente arruinado; y no es que fuera el típico caso de bala perdida que se fundió toda su fortuna en fiestas y mala vida, si no más bien se lo fundió ayudando de forma totalmente desinteresada a su pueblo y a los más desfavorecidos.
Es cierto que Dikembe Mutombo también es un jugador de origen africano (concretamente congoleño) que ha hecho mucho por su gente y por los niños más necesitados, pero en el caso de Dikembe, se trata de una persona más centrada y posiblemente más culta y preparada, con lo cual su caso nada tiene que ver con el de Bol. Lo de Manute se puede considerar como la pura esencia del altruismo, dándolo todo para la causa, levantando de su bolsillo infinidad de escuelas en su Sudán natal, apoyando desinteresadamente gran cantidad de actos e iniciativas de ayuda a los jóvenes más necesitados, mediando en infinidad de conflictos entre tribus y lo que hiciera falta... hasta quedar en la absoluta miseria...
Siempre que se recuerda a Manute, se suele hacer hincapié en su lado más freaky; el jugador más alto (junto a Gheorghe Muresan) de la historia de la NBA, su extrema delgadez (imposible de solucionar por ningún dietista ni preparador físico de la NBA), su curiosa y estrafalaria coincidencia en los Washington Bullets con Tyrone Bogues (el jugador más bajo de la historia de la NBA), su carácter peculiar, algún que otro altercado que tuvo con la policía por conducir ebrio o su faceta más freak (explotada especialmente por Don Nelson en los Warriors) como extraordinariamente raro y atípico tirador de triples... pero hoy, aquí, nos vamos a olvidar de todo eso y vamos a destacar por encima de todo lo demás dos cosas: su poder taponador e intimidador y su enorme humanidad, sin ninguna duda sus dos mayores virtudes.
Se recuerda a Manute como un gran taponador, pero también es cierto que se le suelen quitar méritos por el hecho de que medía 2,31 m. y porque a pesar de su altura, nunca fue un gran reboteador ni mucho menos anotador. Comenzó a jugar a baloncesto tarde y su peculiar físico jamás le permitió ganar músculo como para poder enfrentarse de tú a tú a los grandes pívots de la NBA; de técnicas ofensivas muy limitadas, pocos se detienen a mirar detalladamente sus estadísticas de tapones y minutos... de lo contrario se darían cuenta de que es, sin ninguna duda, el mejor taponador de la historia del baloncesto.
Si lo comparamos con los otros grandes gigantes de la historia de la NBA (tipos de más de 2,20 como Shawn Bradley, Gheorghes Muresan, Mark Eaton, Yao Ming o Ralph Sampson), nos daremos cuenta de que ninguno ha sido tan buen taponador como Manute... el que más, por supuesto, Mark Eaton... pero también es cierto que Eaton jugó muchos más minutos que Manute (en sus mejores temporadas siempre superaba los 30 de media por partido), mientras que Manute, debido a sus limitaciones físicas y ofensivas, jugó (incluso en sus mejores temporadas) muchos menos minutos.
Unos datos escalofriantes en cuanto a tapones:
Temporada 1985-86 (su temporada rookie): promedió 5,0 tapones en apenas 26 minutos por partido (líder de la liga).
Temporada 1986-87 (los Bullets ficharon a Moses Malone y él fue su pívot reserva de lujo): promedió 3,7 tapones en menos de 19 minutos por partido.
Temporada 1988-89 (ya en los Warriors) promedió 4,3 tapones por partido en 22 minutos (otra vez líder de la liga).
De haber podido ganar peso y músculo, de haber podido mejorar su faceta ofensiva, no cabe ninguna duda de que Manute hubiera jugado muchos más minutos por partido (por lo menos como Mark Eaton) y ahora estaríamos hablando de unas medias de tapones de auténtica ciencia-ficción, medias que lo situarían para todo el mundo (sin excepción) como el mejor taponador que ha visto la historia del baloncesto; por encima de Olajuwon, por encima de Abdul-Jabbar, por encima de Mutombo... incluso por encima de la leyenda intocable de Bill Russell.
Sobre su enorme humanidad y altruismo, basta con decir que si existieran más Manute Bols, el mundo sería, sin ninguna duda, mucho mejor... gracias por todo, Manute. Rest in peace.
HOMENAJE FOTOGRAFICO A MANUTE BOL















